Mario Mátar despegó de su aeropuerto de pájaros

El lunes pasado, sus amigos más íntimos habían iniciado una campaña a través de las redes sociales y el whatsapp, con el fin de reunir fondos para su internación.

Mario Mátar fue uno de los pioneros del rock en Mendoza. Estaba internado en el hospital Del Carmen y luchaba contra una enfermedad degenerativa. Hoy decidió reunirse con sus musas, en ese lugar dónde ellas aterrizaban: su Aeropuerto de Pájaros.

Desde 1973, Mátar ha integrado grupos como Tiempo Después y Altablanca; este, sin dudas, el más influyente de la historia del rock de Mendoza.

Tuvo momentos cumbres en su vida, como cuando, en 1984, viajó por seis meses a Los Ángeles, donde estudió en el Musicians Institute de Hollywood, con profesores de la talla de Duanne Deyo y Jorge Strums. De allí volvió con una guitarra sintetizada digital con midi marca Roland 707, la primera en el país.

En 1985, se sumó a la banda que acompañaría a Piero en su gran gira de diez meses por Latinoamérica, junto a Los Enanitos Verdes. Y la historia siguió con otro grupo señero: Salsa Blanca, con el que estuvo en Italia por seis meses.

Neptuno Club fue su última banda, aunque también hizo cosas con Zonda Projeckt, además de haber creado la música de numerosas obras de teatro y producido y grabado a diversos solistas y bandas de Mendoza.

Mátar no sólo ha sabido enriquecer el género del rock, sino que también ha incursionado en múltiples expresiones artísticas, desde obras de teatro hasta películas.

En 2010, fue distinguido como Ciudadano Ilustre de Godoy Cruz y, el año pasado, en el marco de la conmemoración por el Día Internacional de la Música, recibió un reconocimiento por su trayectoria de parte de la Cámara de Senadores de la provincia, la Secretaría de Cultura y SADAIC.

En Tal Como Soy tuvimos conocimiento de su partida, alrededor de las 19:40 h. Sin embargo decidimos esperar un par de horas, antes de publicar la noticia.

El Mario lo había planeado todo. Construyó un aeropuerto, para de allí despegar.

Vino la época en que siempre tenía conmigo un sitio que me acompañaba a todos lados, ese era mi altar. Yo no me daba cuenta pero tenía un sitio, donde siempre cuidaba ese lugarcito y ese lugarcito era el lugarcito donde me sentaba a que las musas bajaran […] Yo no soy talentoso, lo que si fui es muy laburador, muchísimo, laburaba muchísimo, me grababa horas y horas, me escuchaba y me criticaba.

Entonces ese lugar yo lo llamé Aeropuerto de Pajaros que es el lugar donde aterrizan mis musas. Es un sitio donde estoy conmigo mismo.

Mario Mátar

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